“Lifeforce: Fuerza vital” (1985), vampiros, alienígenas… y tetas

TÍTULO ORIGINAL Lifeforce
AÑO 1985
NACIONALIDAD Reino Unido
DIRECTOR Tobe Hooper
GUIÓN Dan O’Bannon, Don Jakoby (a partir de la novela de Colin Wilson)
MÚSICA Henry Mancini
FOTOGRAFÍA Alan Hume
REPARTO Steve Railsback, Peter Firth, Frank Finlay, Mathilda May, Patrick Stewart, Michael Gothard, Nicholas Bal, Aubrey Morris, Nancy Paul, John Hallam
SINOPSIS Una misión espacial conjunta entre Inglaterra y Estados Unidos se dirige hacia el cometa Halley para realizar un estudio sobre el mismo. Oculta en la cola del cometa descubren una extraña nave que contiene un montón de murciélagos enormes momificados y tres sarcófagos transparentes con dos hombres y una mujer, con aspecto de humanoides perfectos y desnudos. Evidentemente, los astronautas se llevan los sarcófagos a la Tierra para su investigación, lo que supondrá el inicio de una epidemia de zombis-vampiros que asolará Londres.

Los guionistas Dan O’Bannon (Dark Star, Alien) y Don Jakoby (Aracnofobia, Evolution) adaptan el libro Space Vampires de Colin Wilson. Dirige Tobe Hooper (La matanza de Texas, Poltergeist). El arranque no está mal desarrollado, sin prisas pero sin pausas (es el típico prólogo de exploradores que descubren algo inusual, y después les pasa lo del gato y la curiosidad…), el ritmo decae en cuanto la acción se trasdala a la Tierra.

La narración es bastante confusa y los personajes deambulan erráticamente de un lado a otro de la campiña inglesa sin que se sepa exactamente qué quieren los extraterrestres ni cómo funcionan sus “habilidades” vampíricas. La mezcla inconexa y poco homogénea de géneros tampoco ayuda mucho: empezamos con un poco de ciencia ficción, pasamos al misterio, metemos un poco de serie negra, terror con zombies-vampiros, y aderezamos todo con una pizca de porno light. La película toca muchos palos sin profundizar nada en ningun de ellos.

Lo único salvable: el papel de una debutante Mathilda May, que tiene el “mérito” de aparecer desnuda en toda su intervención; la inquietante presencia del apreciado Patrick Stewart en el papel del director de un siquiátrico; la espectacular banda sonora compuesta por Henry Mancini; y los efectos especiales, más que dignos para la época.