Un hombre lobo americano en Londres (1981) – Landis über alles

Cartel de la película Un hombre lobo americano en Londres

Recuerdo de pequeño alquilar Un hombre lobo americano en Londres, de John Landis, con mi padre en el videoclub. Obviamente yo no tenía la edad mínima recomendada para verla, pero eso nunca me detuvo para que dejase de interesarme, ni detuvo a mi padre para alquilarla y verla juntos. Esto me hizo madurar cinéfilamente mucho antes que la mayoría, aunque no demasiado, porque me gustan los zurullos como a cualquier enfermo XD

En fin, prosigamos con la película de culto de John Landis, tras el salto.

Fotograma de Un hombre lobo americano en Londres

Partamos de la base de que Un hombre lobo americano en Londres, como película, no es buena. Es más bien regular tirando a mala. Los actores son malísimos, empezando por el prota, una especie de híbrido amorfo entre Robert Downey Jr y Dustin Hoffman. Las puestas en escena son de las telenovelas rechazadas en México y los pequeños gags cómicos que incluye muchas veces están fuera de lugar y restan “seriedad” a la escena; sin embargo, otros están estupendamente metidos y tienen sentido.

Voy a desdecirme de una afirmación del párrafo anterior: “los actores son malísimos”, pero no la actriz. Jenny Agutter no es sólo una cara bonita en la pantalla, sino que es una actriz como la copa de un pino y tiene además la cabeza en su sitio. Un hombre lobo americano en Londres, La fuga de Logan, Capitan América: Soldado de invierno, son un pequeño ejemplo de su trabajo. Ha sabido envejecer sin artificios evidentes, y eso es muy meritorio para una actriz en el mercado actual.

Quizá Un hombre lobo americano en Londres no fuera una catapulta para su carrera, pero ella desde luego es una de las 3 patas que soportan la película.

La otra pata, y quizá más importante es el departamento de efectos especiales, y en especial por su trabajo en esta escena:

La atención al detalle en la transformación de cada una de las partes del cuerpo del prota es algo no visto en películas del género licántropo (amén, de Wolfcop ). Esto llevó a la película a llevarse el Óscar al mejor maquillaje. Ojo, maquillaje, no efectos especiales. Aquí se curraron todo a mano y con animatrónica para las partes móviles del bicho.

Las diferentes prótesis y partes robóticas creadas por Rick Baker y usadas durante las escenas de trasformación en hombre lobo y las apariciones del personaje Jack como un cadáver en creciente descomposición impresionaron tanto a la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de Hollywood que decidió crear el premio Óscar al mejor maquillaje específicamente para la película. Desde la entrega de premios de 1981 ésta se convirtió en una categoría presente todos los años.

Wikipedia

Aquí un pequeño vídeo-documental sobre este trabajo:

Hace un tiempo escribí un artículo donde ponía a Aullidos (también de 1981, de Joe Dante) por encima de Un hombre lobo americano en Londres. No me desdigo de todo… a nivel “película” es mejor, pero si la separamos en componentes independientes, habrá algunos muy superiores en la del post. Todo depende de cómo me levante ese día.

La historia es un poco monguer, como los protas… Un par de “chavales” yankis, bastante talluditos, se van a pasar unos meses de vacaciones por Europa, empezando por Inglaterra. Sí, has leído “meses”. El caso es que el primer pueblo al que llegan está en los páramos, llueve un montón y se refugian en una taberna con un nombre muy jovial “El cordero degollado”. Dentro no les espera nada más que malas caras, mal servicio, un pentágono mal pintado en la pared y un par de velas, pero se lo toman a cachondeo.

En fin, que las caras son tan malas que se piran de la taberna; aún así les advierten que no se alejen de la carretera. Y qué hacen ellos 2 minutos después? Pues alejarse de la carretera. Hasta que llega un bichoño peludo, se zampa al bajito, araña al Robert Downey Hoffman y recibe una buena ración de plomo de los clientes de la taberna, que fueron detrás de los idiotas que no saben seguir una sola instrucción.

El prota despierta días después en un hospital de Londres y ahí empieza de verdad la película. Empieza a ver el zombie de su colega, advirtiéndole de todo. Se enamora de la enfermera que lo cuida (Jenny Agutter) y se lo lleva a casa para… continuar con los cuidados una vez recibe el alta.

Aquí llega la escena de la transformación que os puse un poco más arriba. Maravillosa. 40 años va a cumplir dentro de nada.

Los asesinatos comienzan a sucederse en Londres.

El caso es que para librarse de la maldición, y liberar a los muertos vivientes que lo van acompañando en su cabeza, el último del linaje de los hombres lobo tiene que morir. Él tiene que morir.

Y aquí viene un punto muy malo de la película. Muchos dicen que Stephen King no sabe terminar sus novelas (algo de lo que discrepo, pero no he leído TODA su obra), pero esa gente no ha visto Un hombre lobo americano en Londres.

Después de hacer una sangría en un cine porno en pleno Picadilly Circus, el prota, convertido, se queda atrapado en un callejón. Llega la chica, intenta calmarlo, le dice que lo quiere, él se abalanza sobre ella, le pegan 4 tiros y lo matan. Fin. Créditos.

Así, sin lloros posteriores, ni epílogos, ni final abierto ni hostias en vinagre. Pum, muerto, fin.

Un segundo de escena podría arreglar esto y dejar un final abierto, que podría servir como presentación de Un hombre lobo americano en París (1998), que no es de John Landis, ni es secuela directa, pero podría serlo… con un solo segundo de escena.

Imaginad que después del disparo, o antes, Alex (la chica) se lleva la mano al vientre. Sólo eso ya daría para que cualquiera pudiera pensar “coño, está embarazada”… la maldición continuará. Sólo eso, nada más que una mano en un vientre. No confirma nada, pero deja volar la imaginación.

La de París no está vinculada de forma alguna con la de Londres, pero sería bonito que cupiera esa posibilidad. Esta segunda es muy mala, por cierto, aunque la parte cómica la tienen más dominada.

En resumidas cuentas, Un hombre lobo americano en Londres es un películón de culto y no puedo hacer más que obligar a todo el mundo a verla.

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