Buscando a Dory (2016), sigue nadando, sigue nadando…

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Se acaba el verano y el Cine Teatro Salesianos de Vigo comienza el curso con sus fines de semana de cine. En esta ocasión le ha tocado a Buscando a Dory, secuela de Buscando a Nemo (2003), con las aventuras submarinas del pez azul con problemas de memoria y sus amigos, los peces payaso Nemo y Marlin. Y con regalo de palomitas junto a la entrada.

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Buscando a Dory empieza explicándonos la infancia del desmemoriado pez que da título a la película, llevándonos hasta su encuentro con Marlin, que ya habíamos visto en Buscando a Nemo, para a continuación, saltar a un año después del final de dicha peli. Dory ha estado teniendo destellos de memoria de su familia y decide ir a buscarlos, acompañada, cómo no, por Marlin y su hijo Nemo.

Con una repetición del esquema ya visto hace 13 años (viaje por el fondo del océano, búsqueda de pistas, interacción con otras criaturas marinas…) tenemos una historia con un ritmo envidiable y un despliegue visual lleno de colorines y detalles.

Más de lo mismo, pero no igual

Es una secuela perfecta, complementando lo ya visto sin correr demasiados riegos a la hora de innovar. Aún así, los nuevos personajes son una pasada, llegando a superar en algunos casos a los protagonistas. Destacan especialmente, por un lado, el calamar gigante del cementerio de barcos, que es un reflejo de la amenaza de los tiburones veganos de Buscando a Nemo, y nos ofrece unas escenas de persecución dignas de Star Wars, y por otro lado, sin lugar a dudas, el pulpo Hank y su mal genio, que se apodera de la escena siempre que aparece.

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Como punto negativo, lo habitual en este tipo de secuelas que convierten en protagonista a un personaje secundario cuya función apenas pasa de ser alivio cómico. Dory y sus peculiaridades memorísticas son un recurso complicado sobre el que llevar la narración y se nota mucho que se ignora cuando conviene y no hay presentes personajes sobre los que apoyarse.

En conclusión, muy divertida y disfrutable sin aportar nada nuevo, pero es que tampoco lo pretende.