The Slumber Party Massacre (1982), demasiado idiota

TÍTULO ORIGINAL:
The Slumber Party Massacre
NACIONALIDAD:
Estados Unidos
AÑO:
1982
DURACIÓN:
77 min.
DIRECTOR:
Amy Holden Jones
GUIÓN:
Rita Mae Brown
MÚSICA:
Ralph Jones
FOTOGRAFÍA:
Stephen L. Posey
REPARTO:
Michelle Michaels, Robin Stille, Michael Villella, Debra Deliso, Andree Honore, Jennifer Meyers, Joseph Alan Johnson, David Millbern, Jim Boyce, Pamela Roylance

Sinopsis de “The Slumber Party Massacre”

Un grupo de amigas del instituto organizan una fiesta de pijamas en la que van a ser acosadas por un desquiciado psicópata armado con un taladro que tan solo quiere disfrutar matando con su aparato.

Fiesta de pijamas sangrienta

No soy muy amigo de las sentencias extremas, pero si The Slumber Party Massacre no es el peor slasher de la historia, debe estar muy cerca del podio.

Las víctimas, como mandan los cánones son un grupo de (ejem) jovencitas con muchas curvas y poca vergüenza a la hora de enseñarlas; además, en este caso, apenas hay víctimas masculinas. Los personajes son aburridos y mal definidos, y los actores son terribles, por decir algo suave. El asesino, por otro lado, es un simple desquiciado sin presencia, carisma, ni nada que lo haga impresionante, aparte de su poder de polilocación y la habilidad de estar siempre en el lugar y el momento oportuno para estar a solas con su víctima.

Una puesta en escena espantosa, una organización narrativa desastrosa, falta de tensión, humor sin gracia. Y todo para envolver la simplona idea del asesino con su fálico taladro y todo el juego metafórico/humorístico/gamberro que podría dar y que no aparece por ningún lado.

Y eso que la película empieza con una introducción algo decente que parece un preámbulo para algo bueno… pero no. La parte central del metraje son un montón de situaciones y escenas típicas en las que esperas que algún personaje se lleve un susto o aparezca el asesino y empiece la masacre, pero tampoco, ni siquiera hay jumpscares, y aquí se los echa mucho de menos, al menos podrían ayudar a superar el sopor. No es hasta la recta final (los últimos 20 minutos, más o menos) en los que el loco del taladro decide ponerse serio y empieza a subir el contador de muertes, que no, tampoco son para tanto, ni visualmente, ni en originalidad.

Tuvo un par de secuelas, que seguro que acabaré viendo en algún momento…