Peter y el dragón (2016), chupi calabaza

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Este fin de semana ha vuelto a tocar sesión de cine en familia en nuestra sala favorita de la ciudad, el Cine Teatro Salesianos de Vigo, la única con las tres B’s. Y de nuevo hemos asistido al remake de un clásico, las aventuras de Elliot y su amigo Pedro Peter.

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Recuerdo haber visto Pedro y el dragón Elliot (1977) al menos un par de veces, era recurrente en la programación televisiva de las Navidades de hace muuuchos años. No recuerdo casi nada de la película, no es que me haya marcado especialmente. Ni a mí ni a nadie, visto el nulo ataque existente por parte de la “brigada contra remakes violainfancias”. Sí recuerdo es que era una comedia musical simpática y agradable de ver (a pesar de la mezcla de imagen real y animación, que nunca me ha gustado, en ningún caso), algo que no consigue la nueva versión… pero bueno, dentro de tres o cuatro años, nadie se acordará tampoco de ella.

Pedro Peter y el dragón toca varios palos y no acierta en ninguno. No tiene ningún momento de comedia. Intenta ser dramática pero se queda en el intento. El huérfano Peter ahora es un “niño salvaje”, pero tampoco se profundiza en el tema. La definición del resto de personajes es plana, están mal presentados y son confusos.

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Y es oscura y tenebrosa… relativamente. Recordemos que es una película para niños. Que el bosque les dé miedo, que la cueva del dragón les dé miedo, que las apariciones del dragón les den miedo… no es una buena idea. Que la narración sea confusa y deje las explicaciones en el aire para que se interprete lo que pasa, tampoco es buena idea.

Eco… eco… ecologismo

De fondo hay un cierto mensaje ecologista, de defensa de la naturaleza y protección de los animales. Y por “de fondo” me refiero a cuando subes a una montaña, gritas “¡Hola!” y escuchas la duodécima respuesta que te transmite el eco.