“Terror en el abismo” (2002), dos por el precio de una…

Terror en el abismo - poster

TÍTULO ORIGINAL Shark Attack 3: Megalodon
AÑO 2002 NACIONALIDAD Estados Unidos
DIRECTOR David Worth
GUIÓN Scott Devine, William Hooke
REPARTO John Barrowman, Jenny McShane, Ryan Cutrona, George Stanchev, Bashar Rahal, Pavlin Kemilev, Krasimir Simeonov, Ivo Tonchev, Anya Pencheva
SINOPSIS Los trabajos de instalación de una red submarina de fibra óptica despiertan a una antigua y voraz criatura en la Fosa de las Marianas…

La peli tiene dos partes perfectamente diferenciadas. La primera hora es una historia de tiburones medianamente decente, no ofrece nada novedoso, pero tampoco molesta. Un guardacostas (o algo) descubre la exitencia de un tiburón no catalogado; una paleontóloga lo cataloga como un megalodon que debería estar extinguido y al que quiere proteger y estudiar, aunque pronto se le pasa la tontería. La megacorporación malvada, responsable indirecta de despertar a la bestia, no quiere ni oir hablar de interrumpir el tendido submarino de fibra óptica y tampoco quieren alertar a la población general (también tienen ingresos por turismo), así que hay que matar al escualo antes de que la cosa se ponga fea.

Lo malo tras el salto…

Un megalodon podía llegar a medir 16 metros en reposo; para no hacer el ridículo como estos otros, en “Terror en el abismo” nos hablan de una cría de unos 8 metros. Los ataques están bien hechos: sangre, vísceras y desmembramientos; sin llegar a nivel gore, pero sin dar sensación de cutrez. El ritmo es constante, sin decaer, hasta el enfrentamiento final…

“Eh, apenas tenemos rodados 60 minutos, ¿y ahora qué?”
“Podemos meter algo de relleno, algún ataque más, alguna víctima despistada…”
“¡No, vamos a sacar a mamá megalodon!”
“Pero no tenemos presupuesto para eso.”
“No pasa nada, acabo de encontrar una app para hacer vídeos de tibuurones, y con un poco de retoque en paint, listo.”

Y así, la media hora final convierte una peli de aprobado alto en un espanto de lo más peor. Con una escena de sexo gratuito de lo más antierótico que he visto desde el “7 Seconds” de “Alone in the dark”, una escena que empieza con un diálogo de lo más currado:

– Estoy agotada.
– Sí, yo también… pero estoy muy tenso, ¿qué te parece si vamos a hacer el amor?

que, mira por donde, tiene más gracia (tampoco mucha, ¿eh?) en versión original:

Una escena de sexo tan sosa, mojigata y mal rodada tiene aún menos sentido si tenemos en cuenta que en la primera hora no ha habido ningún reparo en enseñar tetas en cantidad, con chicas en topless haciendo de figurantes en las escenas de playa, y un coitus interruptus en el agua con striptis completo previo.

Como sea, los millonetis se van de fiestuqui en un superyate; al megatiburón le da por sacudir un poco el barco y, sin que haya indicios de riesgo de hundimiento ni nada grave, los ricachones hacen lo más lógico en un caso así, que es salir a cubierta para que el vaivén del barco los tire al agua y, si no, ya se tiran ellos solos, porque se ve que se sienten más seguros en una lancha hinchable que en un yate que se mueve un poco. Todo sea por poder ofrecernos una muestra de efectos especiales demenciales:

Enfrentamiento final, bocata explosivo de minisubmarino y fin de la historia.

Recomendable sólo si quieres ver a Jack Harkness contra Tiburón… pero solo la primera hora.

El minuto y medio del trailer también es una buena alternativa a ver la película completa.