“Jurassic Shark” (2012) – El megalodón que se quedó raquítico

Jurassic Shark

TÍTULO ORIGINAL Jurassic Shark
AÑO 2012
NACIONALIDAD Canadá
DIRECTOR Brett Kelly
GUIÓN David A. Lloyd, Trevor Payer
MÚSICA Christopher Nickel
FOTOGRAFÍA Amber Peters
REPARTO Emanuelle Carriere, Christine Emes, Celine Filion, Angela Parent, Duncan Milloy, Kevin Preece, Joshua Gilbert Crosby, Phil Dukarsky, Kyle Martellacci, Darren Stevens, Jurgen Vollrath
SINOPSIS Una compañía petrolífera realiza excavaciones acuáticas en una isla en el centro de un lago. Accidentalmente liberan a un tiburón prehistórico, el cual se dedicará a dar caza a un grupo de jóvenes y atractivas muchachas y a unos ladrones de arte atrapados en una isla desierta. Ambos grupos deberán unir fuerzas para sobrevivir al prehistórico apetito del escualo.

Espectacular bodrio. Hay películas mediocres, hay películas horribles, están algunas de Uwe Boll, y después tenemos esto… A alguien se le ocurrió la idea de hacer el chiste con el título de la película de Spielberg sobre dinosaurios, tuvo una idea de la que partir que no está mal del todo, y ahí se acaba todo lo bueno que se puede decir de este… de esto… Tenemos no a uno, sino a dos responsables del guión, uno que escribió la historia y otro que se ocupó de los diálogos, y ninguno brilla por su genialidad en ningún momento.

Inflada. Es la sensación que se obtiene después de terminar de ver esto y conseguir a duras penas que el cerebro no se te derrame por las vías nasales. 75 minutos es la duración del metraje; hay que restarle casi ¡15 minutos! de créditos a cámara lenta; hay unos 10 minutos (cálculo aproximado) de vídeo del tiburón, que en realidad son una misma secuencia de 2 minutos repetida varias veces, y también tenemos primeros planos interminables del ojo del bicho; además, el director debía estar pasando por una época experimental (je) y nos deleita con escenas rodadas en slow-motion sin venir a cuento, y paseos por el bosque donde una cámara fija a ras de suelo nos muestra como pasan los pies de los personajes. Se podría haber contado la película en unos 25 minutos.

Empezamos con una larga secuencia de introducción de unos 10 minutos con dos escenas que se van alternando. En la primera dos rubias en bikini chapotean en un lago apartado de toda civilización; en la segunda, científicos de la compañía petrolífera (que está en una isla en el centro del lago) discuten sobre el riesgo de “perforar tan profundamente”. La “acción” va saltando de una escena a otra, hasta que se produce una explosión y el tiburón se come a las chicas. Título y créditos iniciales (casi 3 minutos más).

Curiosamente, lo único que no está inflado es el tiburón en sí. Aunque nos advierten al principio que, basándose en los fósiles encontrados, se estima que el megalodon puede llegar a alcanzar más de 16 metros, el de la peli se queda en unos 6-8. Consecuencias de una alimentación deficiente después de una siesta de varios millones de años, me imagino.

Empieza el meollo. Por una parte, tenemos a los golfos apandadores, cuatro chicos liderados por una chica mala, y como son malotes, todos visten de negro. Acaban de robar un cuadro y planean esconderse en la isla que hay en el centro del lago hasta que sea el momento de reunirse con el comprador. Atentos, que este es el momento cultural de la película y es una especie de chiste final, o algo. El cuadro resulta ser “Watson y el tiburón”, de John Singleton Copley, y parece que es uno de los primeros grabados existentes que reflejan el ataque de un escualo. Fin de la lección de arte.

El pintor tampoco había visto nunca un tiburón
El pintor tampoco había visto nunca un tiburón

Por otro lado, hay unos estudiantes, o algo, 3 tías buenas y un pringadillo al que usan de porteador, que quieren ir a investigar si la compañia petrolífera está taladrando ilegalmente en la isla y si está realizando vertidos o alguna tontería así.

A los dos grupos les pasa lo mismo, se suben a una barca de remos para ir hasta la isla, el megalodon les hace cosquillas desde abajo, vuelca la barca y se come a uno del grupo. El como es posible que ninguno de los dos grupos sea capaz de ver al bicho, ni de que se den cuenta de que hay algo enorme nadando por debajo de ellos es todo un misterio.

Los ladrones llegan nadando hasta la isla y por el camino se les cae el cuadro. La jefa convence a uno de ellos de que se sumerja para recuperarlo usando el argumento de que si lo consigue le va a dar la mitad de la parte que le tocaba al muerto. El futuro aperitivo jurásico pone la condición adicional de que si no vuelve, le den su parte a su hermano. Brillante, genio, si no lo consigues, no hay cuadro, si no hay cuadro no hay parte para repartir.

Eventualmente, los dos grupos se reúnen, se pasean por la isla, encuentran moribundo (bueno, en realidad solo lleva una bata con manchones de sangre) a uno de los científicos, y van muriendo uno a uno, y de forma cada vez más ridícula (hay quien se mete en el agua sin motivo aparente, hay quien agarra un cartucho de dinamita encendido, y hay un homenaje final a “Liberad a Willy”).

Esto ya está durando más que la película, así que solo añado que, a los despropósitos comentados, se suma el que el montaje final parece que ha sido realizado con los ojos cerrados y en una habitación a oscuras. Errores de continuidad, diálogos absurdos y actuaciones forzadas. Y el peor CGI que he visto nunca.