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La ciencia ficción y mis 3 robots favoritos

Doctor_Who___I_Want_To_Believe_by_RichSC

Siempre lo he dicho, y siempre lo diré… el mejor cine de ciencia ficción se hizo en los años 50 y 60. Hay pocos argumentos, y pocas cintas originales, pero todas son maravillosas, todas son emblemáticas y todas son tan cutres que son inmortales. Y aunque la imagen de arriba no tenga que ver con la época (aunque Doctor Who es de 1963), me gusta y quiero que esté ahí, he dicho.

Dentro del género, siempre tendremos alienígenas, onvis, experimentos nucleares y robots, y es con estos últimos con los que quiero escribir un pequeño artículo y un modesto homenaje al género.

Dos robots pertenecientes a la Golden Age y un último que encajaría más en la New Wave. Al margen de las etiquetas que queramos poner, lo innegable es que estos 3 robots hicieron más por el género que muchas de las novelas de ______________ (cubre el espacio en blanco con tu autor favorito de ciencia ficción).

En estas décadas, el cine de ciencia ficción se regía por un patrón bastante cuadriculado, donde sólo 3 o 4 argumentos diferentes servían para 200 o 300 películas. Los viajes en el tiempo todavía no estaban a la orden del día y había muy poquitos exponentes del subgénero temporal.

Continúa tras el salto.

Uno de ellos sería el «argumento por mutación«, que permitiría que el personaje principal adquiriera alguna habilidad especial, como El increíble hombre menguante (1957), El ataque de la mujer de 50 pies (1958), El hombre con Rayos-X en los ojos (1963) o La mosca (1958).

Otra línea argumental estándar era el «argumento por invasión«, donde unos visitantes -habitualmente marcianos- llegaban a la tierra. Y da igual las intenciones que tuvieran, bélicas o pacíficas, porque siempre recibirían el mismo trato: jarabe de plomo. En esta línea tenemos películas como Vinieron del Espacio (1953), Invasores de Marte (1953) o la inmortal La invasión de los ladrones de cuerpos (1956).

Una tercera línea sería el «argumento por bichoño«, o «argumento nuclear«, gestado por el popular miedo a los avances en energía nuclear que se desarrollaban. En ésta época todo se podía nuclearizar, desde una mota de polvo hasta un edificio de 42 plantas. La exposición a una materia, conocida o desconocida, terrestre o extraterrestre, o un fallido experimento científico, provocaba que un bicho, o una serie de bichos, creciera hasta límites de pesadilla y cómo no, iría a por los humanos. Aquí tenemos una vasta cantidad de películas como La humanidad en peligro (1954) -donde las hormigas eran gigantes-, Tarántula (1955) -con un bicho obvio-, o el bichoño por excelencia, Godzilla (1958) -fruto de una exposición a una ingente cantidad de estroncio-90-.

Por último, el «argumento por robot» nos lleva a la situación en la que un robot creado para ayudar a los humanos, de repente, deja de hacerlo, o por haber llegado a un nivel de consciencia o por haber sido manipulado. Aunque esta línea fue más habitual en los 70 y 80 con cintas como Saturno-3 (1980) o Colossus: el proyecto prohibido (1970) o Juegos de Guerra (1983), en los años 50 también tenemos algún ejemplo, aunque menos, como Planeta prohibido (1956), donde le echan la culpa al robot… aunque no tenga nada que ver con la maldad presente… o sí?

Hay más argumentos, claro está, como el «argumento por catástrofe» como Cuando los mundos chocan (1951), y los citadas arriba de todo «argumentos temporales» de viajes en el tiempo, como El mundo en sus manos (1952), pero suponen un porcentaje bastante bajo del grueso argumental de la ciencia ficción de estas décadas.

Años más tarde las líneas argumentales se extendieron hasta límites nunca antes sospechados, hasta que llegó a ser un género muy habitual en el cine para todos los públicos. Un ejemplo lo tenemos en Blade Runner (1982), donde prima más el mensaje filosófico que encierra la historia que la historia en sí. Más cerca tenemos Otra tierra (2011), que ahonda en los sentimientos y el drama personal con una base sci-fi sencillamente acojonante.

Volvamos de nuevo a los 50, que si no me pierdo con tantas cosas, y yo sólo quería escribir un articulito para hablar de mis 3 robots favoritos de la ciencia ficción clásica: Robby el robot, Gort y B-9, salidos de Planeta prohibido, Ultimátum a la tierra y Perdidos en el espacio, respectivamente.

Hay muchos más, obviamente, pero estos 3 son pilares de la cultura popular, y nacieron en una época bastante cercana unos de otros. Años después tendremos símiles mucho más populares, como los droides R2-D2 y C3-PO, pero a esos menosmola los dejamos para otra ocasión.

Robby el Robot

Sus andaduras comenzaron en la película Planeta Prohibido de 1956, aunque muy rápidamente se convirtió en un referente de la ciencia ficción apareciendo en más películas, series e incluso videojuegos.

Planeta Prohibido es una película de ciencia ficción, dirigida por Fred McLeod Wilcox y protagonizada por Leslie Nielsen (antes de ser Mr. Coñitas), Walter Pidgeon y Anne Francis.

Uno de los logros históricos de esta película es tener la primera aparición de una minifalda en la gran pantalla, muy bien llevada por Anne Francis. Por este motivo, y por estar la actriz descalza en todas sus escenas, la película fue censurada en medio mundo.

Pero hablemos un poco más de Robby, que sin duda es uno de los robots del celuloide más antiguos –con permiso de Gort-, con más apariciones en los medios y de los más emblemáticos.

Una de sus últimas apariciones es en la serie británica Doctor Who, SE04E08, «Silence in the library» (memorable episodio), donde aparece en una escena, al fondo… perdido, pero no olvidado. Hasta el diseño de los Dalek, del DW tienen cierto aire a Robby… o quizá se lo veo yo sólo, por el cariño que destilo por ambos.

En 2006 protagonizó junto con WOPR y KITT un anuncio para AT&T.

Al final de la película Planeta Prohibido descubrimos que Robby se rige, al menos, por la primera ley de la robótica de Asimov: Un robot no puede hacer daño a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño.

Mide 2,18 metros y camina con torpeza, pero eso no impide que Robby el Robot sea el rey de las nenas.

Gort

Ligeramente más antiguo que Robby el Robot. En 1951 aterrorizó a la población yanki en la película Ultimátum a la Tierra. Película basada en el relato Farewell to the Master (1940), de Harry Bates.

Gort no está muy claro que sea un robot, y tampoco es «terrestre», por lo que no se rige por las leyes de la robótica de Asimov, y queda claro cuando se decide a matar a todo humano que se ponga por delante.

La película es precursora en intentar dar un discurso pacifista, en reacción a la cantidad de cine de ciencia ficción anti-comunista, donde los marcianos son los malos invasores y hay que acabar con ellos sí o sí… En este caso, los marcianos son los buenos, pero aún así los tenemos que matar sí o sí, porque somos imbéciles.

Gort mide 2,30 metros y no tiene mucha facilidad de palabra, pero con su rayo de la muerte se hace entender a la perfección.

En la versión de 2008, con Keanu Reeves y Jennifer Connelly, Gort es muy diferente. Ya no tiene manoplas prensiles si no manos de 5 dedos. Ya no está compuesto de 1 sola pieza, si no por nanobots que lo forman.

Muchos no han visto esta película, y muchos no conocen a Gort, pero una frase de esta película pasó a la historia, no del cine, si no de la cultura pop y sociedad en general:

Klaatu barada nikto!

Frase que servía para detener a Gort en su escalada de violencia asesinahumanos. Ojalá hubieran tardado un poco más en pronunciarla, porque realmente hacía falta fumigar.

Gort no pasará a la historia, salvo en la memoria de miles de frikis, pero la frase será inmortal. Al igual que Robby el Robot, «Klaatu barada nikto» es una frase muy extendida en cine y televisión. Desde Star Wars: El retorno del Jedi (donde tres guardianes personales de Jabba The Hut llevan los nombres de Klaatu, Varada y Nikto) hasta TRON (frase que aparece en el despacho de Alan 1) pasando por El ejercito de las tinieblas (es la frase que podría detener la llegada del ejército de las tinieblas, pero Ash pronuncia mal una sílaba).

B-9

No confundir con el ácido fólico… 😉

Entre 1965 y 1968 fue el adorable robot co-protagonista de la serie Perdidos en el espacio. Su diseño nos puede recordar a Robby, y no es de extrañar, dado que comparten el mismo padre, o diseñador, Robert Kinoshita, padre también de Tobor el grande (1954).

B-9 no aparecía en el episodio piloto, pero se decidió añadir a la serie desde el primer episodio emitido.

Es un robot de «asistencia», traducción, pilotaje y detección y solución de problemas. Además, por sus mano-pinzas podía disparar rayos láser y electricidad.

Durante los 4 años que la serie estuvo en antena, B-9 fue el deseado juguete de todos los niños (y mayores), y sólo por eso, merece un hueco en mi memoria. Los críos de finales de los 70 y 80 crecerían queriendo un R2-D2, pero los de 20 años atrás morían por un B-9.

En 1966 competía en antena con Star Trek, pero a diferencia de ésta, Perdidos en el espacio fue un éxito casi inmediato, mientras que Star Trek recibía cartas pidiendo la cancelación incluso antes de finalizar la primera temporada.

Y hasta aquí mi pequeño homenaje a estos 3 robots tan enormes -culturalmente hablando- y queridos, pero no voy a dejar a otros grandes robots -o personajes mecánicos- clásicos de lado, porque sería una injusticia para ellos. Unos buenos, otros malos, pero todos entrañables en cierta manera.

Tobor, de «Tobor the great (1954)»

Robot sin nombre en «Der Herr der welt (1934)»

Cylons, de Battlestar Galactica (1978)

Astroboy (1951)

Daleks y Cybermen, de Doctor Who

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